Entre las calles de la Judería se abre el camino incierto de los que van al reencuentro con un vino y una conversación.
Desde los tiempos de su gloria, ya se canturreaban en Córdoba coplillas mozárabes sobre devotos abstemios de la media luna que no dudaban en jugarse su paraíso compartiendo un buen vino de la tierra. Para ello, despistaban a su vigilante comunidad entre el laberinto de la Judería, por entonces barrio ya de judíos sefardíes que no les reconocerían y que, en caso de hacerlo, jamás se atreverían a delatarles.
Con el paso de los años, las peregrinaciones a la taberna dejaron de ser clandestinas para convertirse en el bendito solaz de muchos. Y el vino y las tapas y las conversaciones magistrales por las cuales escapan los duendes de la bulería y los reyes de las plazas, forman parte de este universo cordobés donde, casi en la esquina de la calle Romero y a pocos metros de la Mezquita Catedral, brilla el nombre inconfundible de Casa Pepe de la Judería. |